Una cosecha de entre 60 y 80 lechugas cada dos meses demuestra que una huerta escolar puede convertirse en un espacio de aprendizaje, producción, ahorro y alimentación saludable para toda la comunidad educativa.
Tunja, 5 de septiembre de 2026. (UACP). Lo que comienza con una semilla, el cuidado de los estudiantes y el trabajo en una huerta escolar hoy termina en los comedores del Programa de Alimentación Escolar (PAE) ‘AliMente en Grande’.
En la Institución Educativa Armando Solano de Paipa, estudiantes de grado 11 cultivan lechugas de manera orgánica y logran que parte de esta producción se incorpore a la cadena de suministro del PAE. Así, un alimento producido dentro de la institución llega nuevamente a la comunidad educativa, aportando frescura, nutrición y producción local a la alimentación de niños y niñas.
La experiencia convierte la huerta escolar en mucho más que un espacio para sembrar. Es un laboratorio vivo en el que los estudiantes aprenden, investigan, producen alimentos, fortalecen sus conocimientos y descubren que desde la escuela también pueden generar soluciones y oportunidades para su comunidad.
“Los estudiantes llevan todo el proceso de estas hortalizas, especialmente de la lechuga, que cultivamos de manera orgánica, buscando que sea un producto saludable y de calidad”, explicó Orlando Amaya, director del proyecto.
La iniciativa hace parte, además, de los procesos de metodología de la investigación que desarrollan los estudiantes de grado 11, quienes participan en el seguimiento, cuidado y producción de las hortalizas.
Entre ellos están Juan Sebastián Prada Avella, Johan Andrés Becerra, Manuel Robles Echeverría y Ximena Lisset Valderrama Tuta, estudiantes de la IE. Armando Solano que han asumido el reto de convertir la tierra de su institución en una fuente de aprendizaje y producción.
Actualmente, la huerta produce entre 60 y 80 lechugas cada dos meses, que posteriormente son incorporadas al servicio de alimentación escolar. La producción ha logrado vincularse a la cadena de suministro del PAE mediante operadores como la Fundación Manos Unidas, permitiendo que el alimento cultivado por los propios estudiantes llegue a los comedores escolares.
Pero el impacto va más allá de la alimentación.
La comercialización de la producción también representa un beneficio económico para la institución y una alternativa de ahorro, demostrando que las huertas escolares pueden convertirse en espacios de aprendizaje, sostenibilidad, producción y generación de oportunidades.
Para los estudiantes, cada lechuga representa también una lección: aprender a producir alimentos, valorar el trabajo del campo y comprender que una idea nacida en la escuela puede tener un impacto real en su comunidad.
De acuerdo con Jholaine Durán, nutricionista del PAE, la lechuga es un alimento que aporta una importante cantidad de agua, pocas calorías y nutrientes que complementan una alimentación equilibrada.
“La lechuga aporta una importante cantidad de agua, pocas calorías y nutrientes que contribuyen a una alimentación equilibrada”, explicó la profesional.
Por esta razón, incorporar productos frescos provenientes de las huertas escolares representa una oportunidad para fortalecer la producción local y, al mismo tiempo, acercar a los estudiantes a alimentos nutritivos y promover hábitos de alimentación saludable desde las instituciones educativas.
La experiencia de la IE. Armando Solano demuestra que alimentar también es educar: cuando los estudiantes participan en la producción de los alimentos que llegan al PAE, la alimentación escolar deja de ser únicamente un servicio y se convierte en una experiencia de aprendizaje, identidad y transformación.
Con el PAE ‘AliMente en Grande’, la Gobernación de Boyacá, a través de la Secretaría de Educación, impulsa iniciativas que conectan la educación, la alimentación saludable y la producción local, demostrando que una semilla puede convertirse en alimento, conocimiento y oportunidades para toda una comunidad. (Fin/Francisco Aranguren. Prensa PAE – UACP).
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